En este blog ustedes encontrarán información sobre la psicologia social, es
un tipo de actividad permanentemente necesitada de autorreflexión
como parte de su propio conocimiento.
En cierto modo el objeto de la psicología social es un objeto inventado
o, de modo más exacto, es un objeto construido. En el primer capítulo,
sobre la definición de la psicología social, pretendo poner de manifiesto,
entre otras cosas, que la psicología social, como actividad
científica que pretende ser, no se define por un territorio sino por un
punto de vista y ese punto de vista, tradicionalmente, ha sido caracterizado
como el de la interacción social.
El resto de la obra se dirige, justamente, a plantear cómo la forma en
que se entienda la acción social va caracterizando puntos de vista diferentes,
con los cuales la realidad social que se estudia aparece con texturas
distintas. En el capítulo segundo he intentado situar la psicología social
en el marco de preocupaciones sociales y epistémicas en el que se ha
ido históricamente configurando. Esta configuración es doble; por una
parte se ha ido desarrollando un conjunto de saberes, tanto teóricos
como prácticos, sobre la constitución social de la subjetividad, lo que ha
dado lugar a la progresiva configuración de varias psicologías sociales, de
las cuales, la caracterizada como un estudio de las leyes pretendidamente
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universales que rigen el comportamiento social, ha sido predominante.
Pero, a mi entender, han existido varias psicologías sociales y pueden
existir otras diferentes. El problema no puede ser de tipo burocrático y
gremial (estar o no adscrito a un área de conocimiento o a un colegio
profesional) sino teórico. Mi opinión es que para responder a muchas de
las preguntas que nos ocupan (sobre la identidad, los valores, la socialización
etc.) hay que buscar las respuestas allí donde se produzcan y con
frecuencia, hoy en día, encuentro más sustantividad y potencialidad explicativa
en estudios que, formalmente, no se generan y publican en el
área de la psicología social. En realidad, esto no tiene nada de extraño,
ya que considero que la psicología social es una ciencia social —ciertamente
con sus propias tradiciones y aportaciones— pero nunca separable
de los otros saberes científico-sociales.
El capítulo tercero lo he dedicado a una reflexión sobre el concepto
articulador del punto de vista psicosocial, el de acción e interacción social.
No he pretendido hacer un trabajo exhaustivo sobre el mismo, en el
que se pasase revista a todas las principales teorías de la acción (hay ausencias
tan notables como la de Parsons), sino intentar apuntar la problemática
del significado en la configuración de una serie de teorías, tanto
psicológicas como sociológicas, en las que podría fundamentarse la psicología
social.
Si la configuración semiótica de la acción es un elemento importante
en el acercamiento psicosocial de la acción, su lógico complemento es el
estudio de la actividad cognoscitiva que permite tal configuración. No en
vano la mayor parte de las investigaciones en psicología social son de tipo
cognitivo, bien en su temática (percepción social, actitudes etc.) o en
su enfoque. No podría ser de otra manera, ya que la constitución social
de la subjetividad cristaliza, fundamentalmente, como significatividad. A
ello he dedicado el capítulo cuarto, sobre el conocimiento desde un punto
de vista psicosocial.
Existe un capítulo implícito en toda la obra y que hace referencia al
sujeto de la acción, al actor social. Según el concepto que se tenga de la
acción y del conocimiento, se tendrá un modelo (teórico y político) del
sujeto. El concepto de sujeto es, tal como indico al hablar de la historia,
un concepto moderno que no puede considerarse como un hecho incontrovertible.
Nuestras teorías psicosociales se manejan con muy distintos
modelos de sujeto. Existe una teoría con un sujeto inexistente (el conductismo,
por ejemplo) y una teoría con un sujeto universal (las teorías
sobre procesos cognitivos regidos por leyes universales y ahistóricas)
pero existen, igualmente, teorías interaccionistas, donde el sujeto se entiende
como identidad comunicacionalmente construida y teorías no
identitarias, donde el sujeto se entiende dialógicamente situado/cons12
truido. A todas ellas se ha hecho referencia a lo largo de la obra, pero tal
vez, en el futuro, convendría explicitarlas de modo más preciso, con un
apartado dedicado a este tema.
Conforme el punto de vista que se adopte, se mantienen, consecuentemente,
diferentes pretensiones de conocimiento. A una reflexión sobre
estas pretensiones he dedicado el último capítulo. A mi entender, el problema
de la psicología social no es un problema metódico-técnico, no se
trata de saber si el método experimental es bueno o malo, basamento de
la cientificidad o instrumento de la banalidad. La cuestión estriba, más
bien, en qué se pretende saber y, posteriormente, cómo es posible ese saber.
A lo largo de la obra he pretendido poner de manifiesto las distintas
concepciones que de la tarea psicosociológica se tienen entre los científicos.
En mi opinión la psicología social es una ciencia social y, como tal,
vinculada —y partícipe— a la definición colectiva de su propio objeto de
preocupación y estudio. En ello estriba su interés y también sus límites.
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